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Diario de una Entrega

Once Minutos. (I)

Once Minutos. (I) Como mantenía siempre la cabeza baja, en señal de obediencia y humillación, María no podía ver exactamente lo que estaba pasando; pero notaba que, en otro universo, otro planeta, aquel hombre estaba agotado, cansado de hacer estallar el látigo y azotarle las nalgas con la palma de la mano abierta, mientras ella se sentía cada vez más llena de fuerza y energía. Ahora había perdido la vergüenza, y no se
incomodaba por mostrar que le estaba gustando, empezó a gemir, le pidió que le tocase el sexo, pero él, en vez de eso, la agarró y la arrojó sobre la cama.

Con violencia, pero con una violencia que ella sabía que no le iba a causar ningún daño, abrió las piernas y ató cada una de ellas a un lado de la cama. Las manos esposadas a la espalda, las piernas
abiertas, la mordaza en la boca, ¿cuándo iba a penetrarla? ¿No veía que ella ya estaba lista, que quería
servirle, que era su esclava, su animal, su objeto, que haría cualquier cosa que él le mandase?

Autor: Paulo Coelho

Foto: Morey

4 comentarios

Anónimo -

ok.. ya lo se.. besossssss

Anónimo -

Ya lo sabes

Anónimo -

quien es ella?

Anónimo -

No tiene nada que ver con el articulo escrito pero referente a la almohada, no fué ella la que la mordio y ya me quedo muy claro que la volvería a morder con lo que dijistes.