
Fué de repente. Como tantos otros días, habías salido a pasear por el jardin, muy de mañana , cuando el rocio tamiza con el riego de su humedad, flores y hierbas. Estabas distraida, pensando en tus cosas. Y casi sin darte cuenta, sin quererlo, te fijastes.Por un momento estuviste a punto de pasar de largo, pero finalmente te detuvistes.Con perplejidad y sorpresa fuistes acercandote, y cuando más te aproximabas, más maravillada te sentías por su belleza.
Era roja, arrebatadoramente roja, dolorosamente roja, increiblemente roja, tentadoramente roja. Era al fin y al cabo, la rosa con la que años antes, muy de niña, habías soñado. Cuándo aún reías a la vida, cuando aún no habías traspasdado el umbral de la adolescencia. Había sido la ilusión de tu vida, tu anhelo, tu esperanza.
Y ahora si, la tenías junto a ti, a tu lado. Sentías su fragancia y aún cerrando los ojos su fragancia seguía viva. Por un momento no supistes que hacer. Temías tocarla para no difuminarla entre tus dedos,temías olerla para no agotar su delicioso perfume, temías mirala para no empalider su brillante color. Pero finalmente te decidistes. Con temor, con timidez, acariciastes sus pétalos suaves y gélidos. Y todo tu ser se vió sacudido por un gozo indescriptible. Fuistes descendiendo en la caricia hasta encontrar su tallo fino y cimbreante, sarpullido de romas espinas. Aquello te gusto, porque así nunca encontrarias obstaculos para llegar a ella. Y tus dedos pasaban una y otra vez sobre esas, sus espinas, fingidas, tristes, inexistentes.
Una alegria había entrado en tu vida y en ella había ahora encendida una ilusión, un aliciente, un sentido nuevo, y pasabas el tiempo junto a ella, amandola, contemplandola, idealizandola. A medida que trascurrían los días te sentías más y más cautivada y presa de su ser. Nada hacías por evitarlo.
Y un día, sin pensarlo, sin quererlo, sin apenas creerlo, no la encontrastes. Habías salido a su encuentro precipitadamente,tal como solias, con impaciencia por llegar a su presencia. Y viste con estupor que había desaparecido. Por un instante quisiste pensar, que te hab´´ias despistado, que te habías equivocado de sitio. Pero trás un ávida y ansiosa busqueda por el jardin no encontrastes el menor rastro. Sin decir nada, se había marchado, te había abandonado, se había ido.
Te sumistes en una profunda tristeza. No querías hacer nada, ver a nadie,no querías vivir!
Tu existencia había perdido todo sentido, la brújula que la guiaba,la lampara que la iluminaba. Le habías dado todo tu cariño, todo tu amor, toda tu vida, todo tu ser. Y así sin motivo alguno te abandonaba, dejandote sola. La tristeza y el dolor te inundaban y no podías ni querías levantarte. Tan solo llorabas.
Por fin un día decidistes volver al jardin, de nuevo te encontrastes con los familiares arbustos rechonchos y sonrientes, que te miraban con simpatia, y los arboles que te tendían sus brazos con cariño, como queriendo consolar tu tristeza. Pasastes de largo ente todos ellos, porque una fuerza irresistible te hizo dirigir tus pasos allá donde había anidado hacia ya tiempo, tu vida.
Te sorprendistes porque allí, en el mismo sitio comenzaba a florecer, lenta y pausadamente, una nueva rosa.Si, una nueva rosa, pero no roja, si no blanca y pálida. No exhuberante, sino apenas un breve capullo. No resplandecia, porque sus petalos diminutos no eran capaces de irradiar el brillo que su antecesora había tenido. Y además su fino tallo veiase ya inundado de espinas. Arrogantes, peligrosas e hirientes espinas. La contemplastes abstraida, pero al relegastes en el olvido, porque tu atención y mente seguían presas del recuerdo y del dolor.
Lenta y silenciosamente aquella débil rosa iba creciendo y pese a que no la cuidabas ni la atendías, todo en ello conmenzaba a ser bello. Sin embargo la brumosa capa de pena te seguía envolviendo, te ocultaba esa realidad que se te mostraba...
... Y así nunca supistes que luchaba en solitario, contra si misma, para ser cada día más bella, que esperaba que te acercases a ella y le dieras tu atención y tu cariño. y que sus espinas hiciesen brotar de tus manos esa sangre que necesitaba para teñir sus pétalos con el rojo del amor y la pasión, para podersete ofrecer cada día más perfecta y más bella, para hacerte feliz.
No buscaba ser admirada, ni contemplada, ni ensalzada, quería simplemente fortalezer sus tiernas y fugazes raices para evitar que una ráfaga de viento un día, sin sentirlo, se la llevase para siempre.
Y tu, si tu, serías su apoyo y su fuerza. Sin embargo nunca lo supistes, o no lo quisistes saber, y la dejastes pasar, sin estar un rato con ella. Manteniendola a distancia. Revolcándote en tu pesar. Hasta que un día el viento se la llevó, precisamente cuando ya te ibas acostumbrando a ella y ya le tenías cariño. Unicamente un pétalo, solo y abandonado, quedo en el suelo, pálido y triste. Ya sin vida. Con ternura lo recogistes. Habías llegado tarde.
Y ahora aún prosigues envuelta en la desalentadora duermevela que te abruma y asola. La misma que te impidio saber que la rosa descolorida, mientras sufrías, mientras llorabas, ella también lo hacia. Y al mismo tiempo velaba tus sueños.
( FELIZ " ANIVERSARIO " )